lunes, 1 de agosto de 2011
¿Por Qué quieren ser Políticos?
lunes, 18 de julio de 2011
INVICTUS*
jueves, 14 de julio de 2011
SEMBRANDO...
De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cíelo triunfante llena,
de la florida tierra, donde entre flores
se deslizó mí infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado;
borroso, cual lo lejos del horizonte,
guardo un extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.
Aun no sé si sería loco, sabio o prudente,
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que, al mirarle, toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Era acaso su gesto severo y noble
que a todos asombraba por lo arrogante!
Hasta los leñadores, mirando al roble,
sienten las majestades de lo gigante.
Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador sembrando miré risueño;
desde que existen hombres sobre la tierra,
nunca se ha trabajado con tanto empeño.
Quise saber, curioso, lo que aquel hombre
sembraba en la montaña, sola y bravía.
El sembrador oyóme benignamente,
y me dijo con honda melancolía:
siembro robles, y pinos, y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera;
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas tierras cuando yo muera.
¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensas? dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
Acaso te imaginas que me equivoco;
acaso por ser niño, te asombra mucho
el soberano impulso que mi alma enciende.
Por los que no trabajan, trabajo y lucho;
así el mundo no lo sabe, Dios me comprende.
Hay que luchar por todos los que no luchan!
Hay que pedir por todos los que no imploran!
Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que hacer como abejas, que en la colmena
fabrican para hacer todos dulces panales!
Hay que hacer como el agua que va serena,
brindando al mundo entero frescos raudales!
Hay que imitar al viento, que siembra flores,
lo mismo en la montaña que en la llanura!
Hay que vivir sembrando, sembrando amores
con la vista y el alma siempre en la altura!
Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
al perderse en las sombras, aun repetía
Hay que vivir sembrando, siempre sembrando!
Ricardo Blanco Belmonte
jueves, 30 de junio de 2011
Los Cuatro Acuerdos...
… de la Sabiduría Tolteca:
1. No supongas
No des nada por supuesto.
Si tienes duda, aclárala.
Si sospechas, pregunta.
Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que no tienen fundamento.
2. Honra tus palabras
Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.
Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; si no te honras a ti mismo, no te amas.
Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces. Eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.
3. Haz siempre lo mejor que puedas
Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada.
4. No te tomes NADA personal
Ni la peor ofensa.
Ni el peor desaire.
Ni la más grave herida.
…
Según la tradición Tolteca, poniendo en práctica estos cuatro acuerdos tu vida puede cambiar, siempre y cuando seas impecable con ello...
lunes, 30 de mayo de 2011
"La Libertad" (*)
…Y un orador dijo:
- Háblanos de
Y él respondió:
- A las puertas de la ciudad y a la lumbre de vuestro hogar yo os he visto postraros y adorar vuestra propia libertad. Así como los esclavos se humillan ante un tirano y lo alaban aun cuando los mata. ¡Ay! En el jardín del templo y a la sombra de la ciudadela he visto a los más libres de vosotros usar su libertad como un yugo y un dogal.
Y mi corazón sangró en mi pecho porque sólo podéis ser libres cuando aún el deseo de perseguir la libertad sea un arnés para vosotros y cuando dejéis de hablar de la libertad como una meta y una realización.
Seréis, en verdad, libres, no cuando vuestros días estén libres de cuidado ni vuestras noches de necesidad y pena. Sino, más bien, cuando esas cosas rodeen vuestra vida y, sin embargo, os elevéis sobre ellas desnudos y sin ataduras.
Y, ¿cómo os elevaréis más allá de vuestros días y vuestras noches a menos que rompáis las cadenas que, en el amanecer de vuestro entendimiento, atasteis alrededor de vuestro mediodía?
En verdad, eso que llamáis libertad es la más fuerte de esas cadenas, a pesar de que sus eslabones brillen al sol y deslumbren vuestros ojos.
¿Y qué sino fragmentos de vuestro propio yo desecharéis para poder ser libres?
Si es una ley injusta la que deseáis abolir, esa ley fue escrita con vuestra propia mano sobre vuestra propia frente.
No podéis borrarla quemando vuestros Códigos ni lavando la frente de vuestros jueces, aunque vaciéis el mar sobre ella.
Y, si es un déspota el que queréis destronar, ved primero que su trono, erigido dentro de vosotros, sea destruido. Porque, ¿cómo puede un tirano mandar a los libres y a los dignos sino a través de una tiranía en su propia libertad y una vergüenza en su propio orgullo?
Y si es una pena lo que queréis desechar, esa pena fue escogida por vosotros más que impuesta a vosotros.
Y si es un miedo el que queréis disipar, la sede de ese miedo está en vuestro corazón y no en la mano del ser temido. En verdad, todas las cosas se mueven en vosotros, como luces y sombras apareadas.
Y, cuando la sombra se desvanece y no existe más, la luz que queda se convierte en sombra en otra luz.
Y, así, vuestra libertad, cuando pierde sus grillos, se convierte ella misma en el grillo de una libertad mayor”.
(*) fragmento de: “El Profeta”, de Khalil Gibrán -