lunes, 20 de octubre de 2008

Mariano Moreno en "La Gaceta de Buenos Aires" (1810) .

Prólogo a la traducción de "El contrato social" publicado en la Gaceta de Buenos Aires en 1810.
Por Mariano Moreno

La gloriosa instalación del gobierno provisorio de Buenos Aires ha producido tan feliz revolución en las ideas, que agitados los ánimos de un entusiasmo capaz de las mayores empresas, aspiran a una constitución juiciosa y duradera que restituya al pueblo sus derechos, poniéndolos al abrigo de nuevas usurpaciones. Los efectos de esta favorable disposición serían muy pasajeros, si los sublimes principios del derecho público continuasen misteriosamente reservados a diez o doce literatos, que sin riesgo de su vida no han podido hacerlos salir de sus estudios privados. Los deseos más fervorosos se desvanecen, si una mano maestra no va progresivamente encadenando los sucesos, y preparando, por la particular reforma de cada ramo, la consolidación de un bien general, que haga palpables a cada ciudadano las ventajas de la constitución y lo interese en su defensa como en la de un bien propio y personal. Esta obra es absolutamente imposible en pueblos que han nacido en la esclavitud, mientras no se les saque de la ignorancia de sus propios derechos que han vivido. El peso de las cadenas extinguía hasta el deseo de sacudirlas; y el término de las revoluciones entre hombres sin ilustración suele ser que, cansados de desgracias, horrores y desórdenes, se acomodan por fin a un estado tan malo o peor que el primero a cambio de que los dejen tranquilos y sosegados.

La España nos provee un ejemplo muy reciente de esta verdad: cuanto presenta admirable el heroísmo de los pueblos antiguos se ha repetido gloriosamente por los españoles en su presente revolución. Una pronta disposición a cuantos sacrificios han exigido, un odio irreconciliable al usurpador, una firmeza sin igual en los infortunios, una energía infatigable entre los cadáveres y sangre de sus mismos hermanos; todo género de prodigios se repetía diariamente por todas partes; pero como el pueblo era ignorante, obraba sin discernimiento; y en tres años de guerra y de entusiasmo continuado no han podido los españoles erigir un gobierno que merezca su confianza, ni formar una constitución que los saque de la anarquía.

Tan reciente desengaño debe llenar de un terror religioso, a los que promuevan la gran causa de estas provincias. En vano sus intenciones serán rectas, en vano harán grandes esfuerzos por el bien público, en vano provocarán congresos, promoverán arreglos y atacarán las reliquias del despotismo; si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.

En tan críticas circunstancias todo ciudadano está obligado a comunicar sus luces y sus conocimientos; y el soldado que opone su pecho a las balas de los enemigos exteriores, no hace mayor servicio que el sabio que abandona su retiro y ataca con frente serena la ambición, la ignorancia, el egoísmo y demás pasiones, enemigos interiores del Estado, y tanto más terribles, cuanto ejercen una guerra oculta y logran frecuentemente de sus rivales una venganza segura. Me lisonjeo de no haber mirado con indiferencia una obligación tan sagrada, de que ningún ciudadano está exceptuado, y en esta materia creo haber merecido más bien la censura de temerario, que la de insensible o indiferente: pero el fruto de mis tareas es muy pequeño, para que pueda llenar la grandeza de mis deseos; y siendo mis conocimientos muy inferiores a mi celo, no he encontrado otro medio de satisfacer éste, que reimprimir aquellos libros de política que se han mirado siempre como el catecismo de los pueblos libres, y que por su rareza en estos países son acreedores a igual consideración que los pensamientos nuevos y originales.

Entre varias obras que deben formar este precioso presente, que ofrezco a mis conciudadanos, he dado el primer lugar al Contrato Social, escrito por el ciudadano de Ginebra, Juan Jacobo Rousseau. Este hombre inmortal, que formó la admiración de su siglo, y será el asombro de todas las edades, fue, quizá, el primero que disipando completamente las tinieblas con que el despotismo envolvía sus usurpaciones, puso en clara luz los derechos de los pueblos, y enseñándoles el verdadero origen de sus obligaciones, demostró las que correlativamente contraían los depositarios del gobierno.

Los tiranos habían procurado prevenir diestramente este golpe, atribuyendo un origen divino a su autoridad; pero la impetuosa elocuencia de Rousseau, la profundidad de sus discursos, la naturalidad de sus demostraciones disiparon aquellos prestigios; y los pueblos aprendieron a buscar en el pacto social la raíz y único origen de la obediencia, no reconociendo a sus jefes como emisarios de la divinidad, mientras no mostrasen las patentes del cielo en que se les destinaba para imperar entre sus semejantes; pero estas patentes no se han manifestado hasta ahora, ni es posible combinarlas con los medios que frecuentemente conducen al trono y a los gobiernos.

Es fácil calcular las proscripciones que fulminarían los tiranos contra una obra capaz por sí sola de producir la ilustración de todos los pueblos; pero si sus esfuerzos lograron substraerla a la vista de la muchedumbre, los hombres de letras formaron de ella el primer libro de sus estudios; el triunfo de los talentos del autor no fue menos glorioso por ser oculto y en secreto.

Desde que apareció este precioso monumento del ingenio, se corrigieron las ideas sobre los principios de los estados, y se generalizó un nuevo lenguaje entre los sabios, que, aunque expresado con misteriosa reserva, causaba zozobra al despotismo y anunciaba su ruina.

El estudio de esta obra debe producir ventajosos resultados en toda clase de lectores; en ella se descubre la más viva y fecunda imaginación; un espíritu flexible para tomar todas sus ideas; un corazón endurecido en la libertad republicana y excesivamente sensible; una memoria enriquecida de cuanto ofrece de más reflexivo y extendido la lectura de los filósofos griegos y latinos; en fin, una fuerza de pensamientos, una viveza de coloridos, una profundidad de moral, una riqueza de expresiones, una abundancia, una rapidez de estilo y sobre todo una misantropía que se puede mirar en el autor como el muelle principal que hace jugar sus sentimientos y sus ideas. Los que deseen ilustrarse encontrarán modelos para encender su imaginación, y rectificar su juicio; los que quieran contraerse al arreglo de nuestra sociedad, hallarán analizados con sencillez sus verdaderos principios; el ciudadano conocerá lo que debe al magistrado, quien aprenderá igualmente lo que puede exigirse de él; todas las clases, todas las edades, todas las condiciones participarán del gran beneficio que trajo a la tierra este libro inmortal, que ha debido producir a su autor el justo título de legislador de las naciones. Las que lo consulten y estudien, no serán despojadas fácilmente de sus derechos; y el aprecio que nosotros le tributemos será la mejor medida para conocer si nos hallamos en estado de recibir la libertad que tanto nos lisonjea.

Como el autor tuvo la desgracia de delirar en materias religiosas, suprimo el capítulo y principales pasajes donde ha tratado de ellas. He anticipado la publicación de la mitad del libro, porque precisando la escasez de la imprenta a una lentitud irremediable, podrá instruirse el pueblo en los preceptos de la parte publicada, entre tanto que se trabaja la impresión de lo que resta. ¡Feliz la patria si sus hijos saben aprovecharse de tan importantes lecciones!
(Fuente: Doctrina democrática, edición de Ricardo Rojas, Librería La Facultad, de Juan Roldán, 1915)

viernes, 22 de agosto de 2008

NO SE ENAMOREN DEL PODER

No se enamoren del poder - (Michel Foucault).
- Fragmento del prólogo escrito por Michel Foucault a
"Antiedipo. Capitalismo y Esquizofrenia" de Deleuze y Guattari -

"Liberen la acción política de cualquier forma de paranoia unitaria y totalizante. Hagan crecer la acción, el pensamiento y los deseos por proliferación, yuxtaposición y disyunción, más que por subdivisión y jerarquización piramidal.

Suelten las amarras de las viejas categorías de lo negativo (la ley, el límite, la castración, la falta, la carencia) que el pensamiento occidental ha sacralizado durante tanto tiempo en tanto que formas de poder y modos de acceso a la realidad. Prefieran lo que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, los grupos a las unidades, las articulaciones móviles a los sistemas. Consideren que lo que es productivo no es sedentario, sino nómada.

No piensen que hay que estar triste para ser militante, incluso si lo que se combate es abominable. Lo que posee una fuerza revolucionaria es el vínculo del deseo con la realidad (y no su fuga en las formas de representación).

No se sirvan del pensamiento para proporcionar a una práctica política un valor de verdad ni se sirvan de ella para desacreditar un pensamiento, como si éste no fuese más que pura especulación. Sírvanse de la práctica política como de un catalizador de pensamiento y de análisis, como de un multiplicador de las formas y de los espacios de intervención de la acción política.

No exijan de la política que restablezca los derechos del individuo tal y como la filosofía lo ha definido: el individuo es el producto del poder, lo que hay que hacer es desindividualizar mediante la multiplicación y el desplazamiento de los diversos dispositivos. El grupo no debe ser el vínculo orgánico que una a individuos jerarquizados, sino un constante creador de desindividualización.

No se enamoren del poder".

miércoles, 30 de julio de 2008

Espontaneidad y dirección consciente

Espontaneidad y dirección consciente
(1931- Antonio Gramsci, "Escritos Políticos")

Se pueden dar varias definiciones de la expresión espontaneidad, porque el fenómeno al que se refiere es multilateral. Hay que observar, por de pronto, que la espontaneidad pura no se da en la historia coincidiría con la mecanicidad pura. En el movimiento más espontáneo los elementos de "dirección consciente" son simplemente incontrolables, no han dejado documentos identificables. Puede por eso decirse que el elemento de la espontaneidad es característico de la "historia de las clases subalternas", y hasta de los elementos más marginales y periféricos de esas clases, los cuales no han llegado a la consciencia de la clase para sí y por ello no sospechan siquiera que su historia pueda tener importancia alguna, ni que tenga ningún valor dejar de ella restos documentales.

Existe, pues, una multiplicidad de elementos de dirección consciente en esos movimientos, pero ninguno de ellos es predominante ni sobrepasa el nivel de la ciencia popular de un determinado estrato social, del sentido común, o sea, de la concepción del mundo tradicional de aquel determinado estrato.

Este es precisamente el elemento que De Man contrapone empíricamente al marxismo, sin darse cuenta (aparentemente) de que está cayendo en la misma posición de los que, tras describir el folklore, la hechicería, etc., y tras demostrar que estos modos de concebir tienen una raíz históricamente robusta y están tenazmente aferrados a la psicología de determinados estratos populares, creyeran haber superado con eso la ciencia moderna y tomaran por ciencia moderna los burdos artículos de las revistas de difusión popular de la ciencia y las publicaciones por entregas. Este es un verdadero caso de teratología intelectual, del cual hay más ejemplos: los hechiceristas relacionados con Maeterlinck, que sostienen que hay que recoger el hilo de la alquimia y de la hechicería, roto por la violencia, para poner a la ciencia en un camino más fecundo de descubrimientos, etc. Pero De Man tiene un mérito incidental: muestra la necesidad de estudiar y elaborar los elementos de la psicología popular, históricamente y no sociológicamente, activamente (o sea, para transformarlos, educándolos, en una mentalidad moderna) y no descriptivamente como hace él; pero esta necesidad estaba por lo menos implícita (y tal vez incluso explícitamente declarada) en la doctrina de Ilich (LENIN), cosa que De Man ignora completamente. El hecho de que existan corrientes y grupos que sostienen la espontaneidad como método demuestra indirectamente que en todo movimiento "espontáneo" hay un elemento primitivo de dirección consciente, de disciplina. A este respecto hay que practicar una distinción entre los elementos puramente ideológicos y los elementos de acción práctica, entre los estudiosos que sostienen la espontaneidad como método inmanente y objetivo del devenir histórico versus los politicastros que la sostienen como método "político". En los primeros se trata de una concepción equivocada; en los segundos se trata una contradicción inmediata y mezquina que trasluce un origen práctico evidente, a saber, la voluntad práctica de sustituir una determinada dirección por otra. También en los estudiosos tiene el error un origen práctico, pero no inmediato como el caso de los políticos. El apoliticismo de los sindicalistas franceses de anteguerra contenía ambos elementos: era un error teórico y una contradicción (contenía el elemento soreliano y el elemento de concurrencia entre la tendencia anarquista-sindicalista y la corriente socialista). Era, además, consecuencia de los terribles hechos de París de 187l: la continuación, con métodos nuevos y con una teoría brillante, de los treinta años de pasividad (1870-1900) de los obreros franceses. La lucha puramente económica no podía disgustar a la clase dominante, sino al contrario. Lo mismo puede decirse del movimiento catalán, que no "disgustaba" a la clase dominante española más que por el hecho de que reforzaba objetivamente el separatismo republicano catalán, produciendo un bloque industrial republicano propiamente dicho contra los terratenientes, la pequeña burguesía y el ejército monárquico. El movimiento torinés fue acusado al mismo tiempo de ser espontaneísta y voluntarista o bergsoniano (!).

La acusación contradictoria muestra, una vez analizada, la fecundidad y la justeza de la dirección que se le dio. Esa dirección no era abstracta, no consistía en una repetición mecánica de las fórmulas científicas o teóricas; no confundía la política; la acción real, con la disquisición teorética; se aplicaba a hombres reales, formados en determinadas relaciones históricas, con determinados sentimientos, modos de concebir, fragmentos de concepción del mundo, etc., que resultaban de las combinaciones espontáneas de un determinado ambiente de producción material, con la casual aglomeración de elementos sociales dispares. Este elemento de espontaneidad no se descuidó, ni menos se despreció: fue educado, orientado, depurado de todo elemento extraño que pudiera corromperlo, para hacerlo homogéneo, pero de un modo vivo e históricamente eficaz, con la teoría moderna. Los mismos dirigentes hablaban de la espontaneidad del movimiento, y era justo que hablaran así: esa afirmación era un estimulante, un energético, un elemento de unificación en profundidad; era ante todo la negación de que se tratara de algo arbitrario, artificial, y no históricamente necesario. Daba a la masa una conciencia teorética de creadora de valores históricos e institucionales, de fundadora de Estados. Esta unidad de la espontaneidad y la dirección consciente, o sea, de la disciplina, es precisamente la acción política real de las clases subalternas en cuanto política de masas y no simple aventura de grupos que se limitan a apelar a las masas.

A este propósito se plantea una cuestión teórica fundamental: ¿puede la teoría moderna encontrarse en oposición con los sentimientos espontáneos de las masas? (Espontáneos en el sentido de no debidos a una actividad educadora sistemática por parte de un grupo dirigente ya consciente, sino formados a través de la experiencia cotidiana iluminada par el sentido común, o sea, por la concepción tradicional popular del mundo, cosa que muy pedestramente se llama instinto y no es sino una adquisición histórica también él, sólo que primitiva y elemental).
No puede estar en oposición: hay entre una y otros diferencia cuantitativa, de grado, no de cualidad: tiene que ser posible una reducción, por así decirlo, recíproca, un paso de los unos a la otra y viceversa. (Recordar que Kant quería que sus teorías filosóficas estuvieran de acuerdo con el sentido común; la misma posición se tiene en Croce; recordar la afirmación de Marx en la Sagrada Familia, según la cual las fórmulas de la política francesa de la Revolución se reducen a los principios de la filosofía clásica alemana.) Descuidar -y aun más, despreciar- los movimientos llamados espontáneos, o sea, renunciar a darles una dirección consciente, a elevarlos a un plano superior insertándolos en la política, puede a menudo tener consecuencias serias y graves. Ocurre casi siempre que un movimiento, espontáneo de las clases subalternas coincide con un movimiento reaccionario de la derecha de la clase dominante, y ambos por motivos concomitantes: por ejemplo, una crisis económica determina descontentos en las clases subalternas y movimientos espontáneos de masas, por una parte, y, por otra, determina complots de los grupos reaccionarios, que se aprovechan de la debilitación objetiva del gobierno; para intentar golpes de estado. Entre las causas eficientes de estos golpes de estado hay que incluir la renuncia de los grupos responsables a dar una dirección consciente a los movimientos espontáneos para convertirlos así en un factor político positivo. Ejemplo de las Vísperas sicilianas y discusiones de los historiadores para averiguar si se trató de un movimiento espontáneo o de un movimiento concertado: me parece que en las Vísperas sicilianas se combinaron los dos elementos: la insurrección espontánea del pueblo italiano contra los provenzales -ampliada con tanta velocidad que dio la impresión de ser simultánea y, por tanto, de basarse en un acuerdo, aunque la causa fue la opresión, ya intolerable en toda el área nacional- y el elemento consciente de diversa importancia y eficacia, con el predominio de la conjuración de Giovanni da Procida con los aragoneses. Otros ejemplos pueden tomarse de todas las revoluciones del pasado en las cuales las clases subalternas eran numerosas y estaban jerarquizadas por la posición económica y por la homogeneidad. Los movimientos espontáneos de los estratos populares más vastos posibilitan la llegada al poder de la clase subalterna más adelantada por la debilitación objetiva del Estado. Este es un ejemplo progresivo, pero en el mundo moderno son más frecuentes los ejemplos regresivos.

Concepción histórico-política escolástica y académica, para la cual no es real y digno sino el movimiento consciente al ciento por ciento y hasta determinado por un plano trazado previamente con todo detalle o que corresponde (cosa idéntica) a la teoría abstracta. Pero la realidad abunda en combinaciones de lo más raro y es el teórico el que debe identificar en esas rarezas la confirmación de su teoría, traducir a lenguaje teórico los elementos de la vida histórica, y no al revés, exigir que la realidad se presente según el esquema abstracto. Esto no ocurrirá nunca y, por tanto, esa concepción no es sino una expresión de pasividad. (Leonardo sabia descubrir el número de todas las manifestaciones de la vida cósmica, incluso cuando los ojos del profano no veían más que arbitrio y desorden).

viernes, 20 de junio de 2008

La búsqueda en viejos Códigos para las nuevas Conductas...

"... pertenezco al guerrero en el que las viejas formas se funden con las nuevas..."

- Está presto. Se adiestra, se forma, se prepara diariamente para dar la lucha por la valorización de la Condición Humana, buscando sembrar humanidad como cualidad que debe crecer en los individuos.

- Entiende que debe ser ejemplo de conducta, es honesto consigo mismo y con el mundo, y sabe que cada paso que da es herencia para el futuro, por eso es responsable a la hora de tomar decisiones, o de juzgar.

- Jamás se piensa solitario en el camino. Ve el todo y no la parte, no se siente uno, en cambio se asume como un nosotros. Por eso comparte opiniones y experiencias y las valora en los otros pues esa es una de las formas de acceder al conocimiento.

- Jamás es más indulgente consigo mismo que con los otros porque él es su propio desafío y reto cotidiano.

- No gusta del artificio ni de la presuntuosidad. Refina sus relaciones con los otros y consigo mismo apelando a la bondad que cultiva dentro de sí mismo y la busca y fomenta en los demás.

- Si lidera no arrastra ni atropella, por el contrario, guía con el ejemplo vivo de sus creencias encarnadas en su conducta diaria, obra igual tanto en la luz como en la sombra. Comparte lo que aprende y potencia la enseñanza que otros tienen para dar. No oye: escucha atento, no mira: observa. Es generoso y no se permite dejar rezagados en el camino, siempre extiende su mano con una nueva oportunidad, incentiva y motiva pues entiende que el sueño por la Condición Humana que persigue no es de su propiedad exclusiva.

- Siempre está dispuesto a aprender de lo más sencillo, pues no desdeña lo simple. No se obnubila con palabras grandilocuentes y no menosprecia las palabras sencillas, por el contrario, las valora porque lo simple es llano y directo, y porque sabe que las pequeñas cosas conforman las grandes.

- Jamás acepta la injusticia, cultiva el sentido del servicio al otro humano poniendo a disposición su experiencia y su arte, cualquiera sea el lugar que ocupe o la tarea que realice.

- Se apoya en la disciplina y fomenta la necesidad del esfuerzo compartido del que siempre forma parte, porque se comprende como parte de las manos que empujan al carro y por eso no se siente más importante.

- Lucha contra sí mismo para que su ego no se desborde. No se deja engañar por los aplausos, ni por las adulaciones, pues cultiva la humildad. Disuelve el apego a lo superfluo, sabe que no hay peor enemigo que un ego insuflado y evita caer en sus propias proyecciones personales, deja de confiar para siempre en la agresividad o el afán de poder desmedido y personalista. Por ello jamás se muestra arrogante ni mezquino, pues nunca debe serlo.

- No cree en los honores inmerecidos, entiende que es mejor merecerlos y no tenerlos que tenerlos y no merecerlos. Jamás es soberbio con los humildes ni humilde con los soberbios en la defensa de la Condición Humana.

- Comprende que no hay verdadero amor a la humanidad sin respeto por el otro, y por eso lo ejerce y lo exige. Sabe que respetar es no dañar, es no agredir ni siquiera en la forma más sutil, es no manipular, es no ser artero, y no servirse de artimañas ni subterfugios para con los otros, pues sabe que nada debilita tanto las relaciones humanas como el engreimiento, la adulación y la soberbia que conducen al desprecio por el otro humano, por eso no gusta de aquellos que para ganar importancia o autoestima utilizan como recurso el despreciar o desmerecer a los otros.

- Sabiéndose humano acepta la idea de su propia muerte natural como el final de su vida, pero no la entiende como el fin del mundo. Sabe que antes debe morir a sus condicionamientos y a su propio ego, porque de esta forma incluso el miedo a la muerte habrá desaparecido, y comprende así que su sueño no debe estar condenado por su propia muerte natural. Por eso no desespera ni le gana la ansiedad, en cambio siempre cultiva y prepara el camino para lo que vendrá.

- Siempre busca superarse, para ello fomenta el uso del debate franco, el pensamiento agudo y la conciencia crítica como herramienta colectiva en la búsqueda de principios comunes, pero no se conforma y por ello tampoco lo hará con estas palabras a las que, por supuesto, superará con otras nuevas que irá ganando en el camino del conocimiento hacia la sabiduría...

(basado en textos sobre filosofía Krausista, y adaptación de extractos de varios textos de códigos de caballería árabe, samurai, y de caballería medieval europea).

Carlos A. Riego

jueves, 22 de mayo de 2008

"El Derecho al Derecho"


"El derecho no es un fin en sí mismo, sino que es condición para la realización de un fin: la Condición Humana."
(Líneas sobre el pensamiento de K Ch F KRAUSE y la Filosofía del Derecho)

Por el hecho de ser persona, todos tienen "derecho al derecho". Esto es un derecho a ser considerado sujeto de derecho y a que se establezcan todas las condiciones de posibilidad necesarias para que pueda desarrollarse como tal.

Por ello el derecho al derecho es una consecuencia directa de la esencia humana, del carácter personal del ser humano, y no una consecuencia de una relación jurídica contractual.

Por ello la obligación de realizar el derecho es una obligación que nace de la misma necesidad del contenido del derecho de la condición humana.

La necesidad de respetar los derechos de los otros, se concluye del hecho que estos son "hombres" y, por tanto, sujetos de derecho, no porque estos han entrado en una relación contractual con nosotros, y este respeto no se define de forma negativa (en cuanto que limitación de mi libertad respecto de la libertad de los otros) sino de forma positiva.

La obligación jurídica que plantea Krause, exige del individuo no sólo que no interfiera negativamente en la esfera de las libertades particulares de los otros individuos, sino que incida "positivamente" para que la libertad de estos se verifique realmente, para que puedan realizar el contenido de esta libertad: la Condición Humana.

El fundamento último de lo jurídico: aquello que hace de un individuo un sujeto de derecho y que le confiere derechos y obligaciones no es la relación jurídica: una relación contractual relativa al cumplimiento recíproco del pacto, del contrato, sino, la esencia misma del hombre: su condición humana.

En el sistema planteado por Krause, todo individuo está comprometido con los derechos de los otros seres, pero de una forma positiva. Esto hace que la obligación jurídica de la esfera externa también sea, de algún modo, material.

Krause no se queda en la relación del "equilibrio de libertades" como sostienen los contractualistas o los formalistas, exige la realización material de esta libertad.

Que todo ser humano, disponga de las condiciones de posibilidad para la realización de su condición humana, y que de hecho la realice, es un imperativo jurídico para cada sujeto de derecho. En este sentido la "responsabilidad jurídica" respecto de aquellos que no pueden hacer prevalecer sus derechos o que no son aptos para ello, cobrará un lugar central en la idea de la humanidad que plantea Krause.

Propone a la Humanidad como sujeto jurídico por encima del individuo. Así de este modo, la obligación jurídica de toda persona va mucho más allá y es mucho más exigente: toda persona debe colaborar en el establecimiento de las condiciones de posibilidad para que la condición de la Humanidad como organismo superior, como Unidad, se lleve a cabo.

(NOTA: Krause, bajo el concepto de Humanidad como un todo orgánico, incorporará no sólo la totalidad de individuos particulares y sociedades, sino también a la Naturaleza como parte integrante de la Humanidad. Esto tendrá consecuencias prácticamente originales para su tiempo, como la defensa de "derechos de la naturaleza" y una cierta responsabilidad ecológica de los hombres para con su entorno natural, incluso en algunos de sus escritos ha planteado la necesidad de reconocer derechos a los animales como parte).

Krause propone un sistema que legitima el derecho de todo individuo a exigir sus derecho fundamentales sobre un derecho subjetivo que todo hombre tiene por el mero hecho de ser hombre. No se contenta con dictaminar acerca de los actos de los individuos, sino que establece las condiciones de posibilidad (en este caso internas) para que el individuo actúe como un hombre justo, esto es, que educa al hombre en el derecho, y conforma su voluntad respecto de la materia del derecho. Y que, finalmente, no define la libertad sólo respecto de la esfera formal de las libertades de los demás, sino desde la necesidad material de realizar el contenido del derecho.

Reivindica, al igual que lo hizo al proponer un carácter asistencial del derecho, una mayor implicación y responsabilidad del individuo en la situación de los otros sujetos de derecho. "De este modo se deduce para todo individuo la obligación jurídica de que el derecho del resto de los individuos llega a realizarse igualmente"

El sujeto jurídico por excelencia no es el individuo particular, sino la Humanidad en cuanto que unidad orgánica. De este modo, al aceptar como fin jurídico el establecimiento de las condiciones de posibilidad para la realización de la condición de la Humanidad como unidad, cada individuo pasa a estar implicado necesariamente en la realización del todo. Cada hombre debe colaborara de forma afirmativa, no sólo restrictiva, en la creación de las condiciones de posibilidad que permitan a todo individuo disfrutar de sus derechos. El derecho adquiere un carácter más público.

1- La condición humana es aquello que fundamenta el derecho interno

2- el derecho interno se entiende como un derecho potencial ("un derecho al derecho"), la afirmación de un sujeto como sujeto de derecho

3- todas las reivindicaciones que un sujeto de derecho hace de lo que podríamos llamar "sus derechos", obtienen su fundamento legitimidad en su derecho interno (su condición humana).



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"Poder ser libre no significa tener la libertad (en sentido negativo) para ser libre, sino tener la posibilidad, las condiciones de posibilidad (en sentido positivo) para poder realizar el contenido de la libertad".


El derecho externo debe ofrecer al individuo todas las condiciones necesarias que le permitan verificar realmente aquellos derechos subjetivos que a todo hombre se le suponen por el mero hecho de ser hombre. De nada serviría por ejemplo afirmar que todo hombre tiene derecho a la libertad de pensamiento si antes no se han creado las condiciones de posibilidad para que pueda pensar y razonar de forma libre, de manera autónoma e independiente, si antes no se ha observado que esta libertad de pensamiento presupone un derecho a la educación.

"El hombre llegará a desarrollarse intelectualmente de modo que pueda dedicarse a la ciencia, sólo cuando se den las condiciones externas precisas (...); si no le ofrecen estas condiciones no llegará a ser capaz de ello aún cuando éste fuera el mayor de los genios" ("Das system der Rechtsphilosophie. Vorlesungen für gelbidete aus allen Ständen. Verfast von Kar Christian Friedrich Krause, herausgegeben von Karl David August Röder, Leipzig 1874).

Krause hace incapié en la "asistencia", entendiendo aquí por asistencia la responsabilidad y el compromiso social y legal, que el Estado asume ante sus ciudadanos de garantizar, no sólo su libertad y derechos de un modo potencial, sino de asegurar a que cada uno de ellos, por el hecho de ser hombres, dispongan de las condiciones de posibilidad necesarias para realizarse como tales.

Así es que encontramos que el jurista Enrich Ahrens, reconoce tres principios en sus estudios:

1- Autonomía: por el cual a todo individuo se le reconoce el derecho a la autodeterminación y la capacidad de dirigir su vida y sus acciones de forma autónoma

2- Principio de Coexistencia: gracias al cual se regula la relación de los individuos en sociedad, y se estipula una restricción recíproca de la libertad particular de cada individuo respecto de la esfera de libertades de los otros sujetos de derecho.

3- Principio de Asistencia: a través del cual se establece una relación de apoyo y fomento, bien sea entre los distintos individuos, bien sea del Estado -como institución- para con sus ciudadanos con el fin de conseguir una cierta igualdad y justicia social que permita a cada sujeto dispone de las condiciones mínimas de posibilidad para realizar efectivamente sus derechos.

Vinculación con el Concepto de Organismo: presupone que todos los miembros que conforman el todo participan de una misma esencia, que es precisamente esta esencia común y la necesidad de su realización los que lleva a los individuos a unirse. Por ello sostiene que lo que los lleva a unirse, de un modo si se quiere optimista, es el amor y el saberse copartícipes de una misma naturaleza.

"El amor es la madre y el alma de toda sociedad. Y todos los hombres están llamados a formarse como un solo hombre, como una Humanidad en sentido auténtico".
La realización de la esencia de los particulares pasa necesariamente por la realización de la esencia del organismo en cuanto que unidad: el todo es anterior a las partes. Es decir que la realización de la esencia de cada individuo como ser humano (su carácter personal y humano) está irremisiblemente ligada a la realización de la esencia de la Humanidad como unidad orgánica de la que participan todos los individuos.

Por ello es que la Política Social debe asumir la responsabilidad no sólo de asegurar las libertades e intereses del individuo de un modo formal y a título particular, sino de sentar las bases de una justicia social que garantice la realización efectiva, armónica e igualitaria de los derechos de cada uno de los individuos en tanto que miembros de la sociedad o más precisamente de la Humanidad.-


                                                                                                                                                           Carlos A. Riego


*(hecho en base a Textos como "Enciclopedia Jurídica o Exposición Orgánica de la Ciencia del Derecho y el Estado" Heinrich Ahrens; y "La Filosfía del Derecho de K. Krause" de Francisco Querol Fernández)